Cómo acompañar a tus hijos en el uso saludable de pantallas

Vamos a decirlo claro: criar en tiempos de pantallas no es nada fácil. Están por todas partes —en casa, en el cole, en casa de los abuelos, en los restaurantes…— y claro, a veces parece que o les das una tablet o no puedes ni hacer la comida. Te entiendo.

 

Pero también es verdad que, si no ponemos un poco de conciencia, las pantallas pueden terminar ocupando más espacio del que nos gustaría en la vida de nuestros peques. No se trata de prohibir, sino de acompañarles y enseñarles a usarlas bien.

 

¿Pantallas sí o no?

No hay una única respuesta correcta. Cada familia tiene su ritmo, su contexto y sus límites. Pero sí hay una verdad común: los niños aprenden viendo lo que hacemos. Así que si tú estás todo el día con el móvil en la mano, es normal que ellos también lo pidan.

 

La clave está en buscar el equilibrio. Usar la tecnología como herramienta (para aprender, para crear, para conectar), pero sin dejar que se convierta en el plan por defecto cuando están aburridos.

 

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), los niños menores de 5 años no deberían pasar más de 1 hora al día frente a pantallas, y cuanto menos, mejor. Para los menores de 2 años, recomiendan directamente evitar el uso de pantallas por completo, salvo para videollamadas puntuales.

 

Ideas para un uso más consciente de las pantallas

1. Habla con ellos sobre lo que ven

Cuando ven dibujos o vídeos, siéntate un rato con ellos. Pregúntales qué les gusta, qué les hace gracia, qué les da miedo. Convertirlo en algo compartido cambia mucho la experiencia.

 

2. No pongas pantallas “de fondo”

Evita tener la tele encendida como ruido de fondo. Aunque no la estén mirando, les afecta. Mejor ponerla solo cuando realmente se va a ver algo concreto. Y luego, apagar.

 

3. Ofrece alternativas atractivas

Si quitamos la tablet sin ofrecer nada a cambio, es normal que protesten. Prepárate con actividades sin pantalla que sabes que les encantan: plastilina, cuentos, una caja de disfraces, salir a la calle…

 

4. Acuerda momentos para usarlas

No hace falta que desaparezcan las pantallas de golpe. Pero sí podemos marcar cuándo se pueden usar y cuándo no: “Después de merendar vemos un capítulo”, “Antes de dormir no hay pantallas”, etc. Las rutinas dan seguridad.

 

5. Da ejemplo sin culpas

Lo sabemos: a veces el móvil es la única manera de tener 10 minutos de paz. No se trata de sentirnos mal, sino de mostrar que también sabemos dejarlo a un lado cuando estamos en familia. Apagarlo durante la cena, no contestar al instante… esos gestos hablan mucho.

 

No se trata de hacerlo perfecto

Vamos a ser sinceros: todos hemos usado una pantalla para tener un rato de tranquilidad. Y no pasa nada. La crianza no va de hacerlo todo bien, sino de mirar con cariño lo que funciona y lo que no, e ir ajustando sobre la marcha.

 

Según la Academia Americana de Pediatría, lo más importante no es tanto el tiempo exacto frente a la pantalla, sino la calidad del contenido y la participación activa de madres y padres. Es decir, que lo ideal es acompañar, conversar y usar la tecnología de forma conectada, no pasiva.

 

Lo importante es que, al final del día, nuestros hijos sientan que estamos ahí, presentes, y que las pantallas no sustituyen ese vínculo. Con presencia, diálogo y algo de humor, se puede criar también en tiempos de WiFi.

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